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Nuestros jadeos son constantes, hemos olvidado el lugar en donde nos encontramos, en realidad es imposible guardar silencio, lo que si está claro es que nada impedirá que acabemos lo que empezamos.
Mis piernas comienzan a cansarse al soportar tu peso que aunque de constitución delgada requiere ser un atleta para aguantar mucho tiempo, de repente, me muerdo la lengua para no lanzar un grito ya que tus garras se incrustan en mi espalda, eso me ha llegado, te estás corriendo, Dios que bestia eres, tus uñas solo consiguen que te apriete con mayor fuerza y rabia. Te aparto de mi y cambio la postura, de espaldas a mi te agachas como si a la piara fuésemos a jugar, llevas un dragón tatuado en la zona de las lumbales, tus nalgas prietas se preparan para recibirme, para recibir el golpeo continuo de mis testículos, me ayudo de tus caderas para penetrarte a mayor velocidad, parecemos perritos en celo, ya no puedo más, mi orgasmo es inminente y no llevo condón. Solo atino a sacar mi pene de tu vagina sin darme tiempo a cambiar la dirección, mi esperma a borbotones encharca el dragón que llevas tatuado, instintivamente al recibir mi esperma en la espalda das un giro de 180º y me arreas un bofetón de la hostia. Primero tus uñas surcaron mi espalda y ahora esto, (este ha sido un polvo un poquito accidentado). Te miro fijamente, sabes que no me ha gustado tus actos y nuestras miradas desafiantes terminan más que en besos, en mordiscos, a un paso de hacernos daño.
Estamos encharcados en sudor, mis piernas tiemblan del esfuerzo y de los nervios por el examen, te abrazo con ansia, con pasión, nuestras lenguas se entrecruzan. Te separo, no hay tiempo para más dilaciones, aunque solo tengamos ganas de sentarnos y abrazados saborear esos cinco minutos eléctricos cargados de tensión, el examen (que ha pasado a un segundo plano) nos espera. Te ayudo a limpiar el dragón aunque ya me están entrando ganas de volverlo a manchar, esto será en otro momento, de eso estoy convencido. Será con más tiempo y esta vez si voy a tener un trato especial contigo.
Me ayudas a salir del vestuario sin ser descubierto y consigo ver en el espejo que parezco haber salido de la guerra, con un aspecto enrojecido y con tus ñames marcados en la cara. La espalda que me quema muchísimo, me has hecho sentir como un toro banderillado antes de la corrida.