|
Antes que nada quisiera felicitarles por su pagina Soy un adicto
lector de sus relatos. Esta historia que voy a explicarles es verídica,
empezó hace un par de años y todavía continua pero eso dará para más
relatos.
Les explicare la historia digamos que de una buena amiga mía. Susana
esta a punto de cumplir los treinta y cinco. Desde pequeña vivió en un
ambiente regido por las normas y una conducta severa. Su padre era el
exponente máximo de ese ambiente. Por lo demás es una chica bien
formada. Escultural, ojos oscuros, pelo largo, unos muslos bien formados
y unas tetas que harían la delicia de cualquiera.
Se casó con un amigo del grupo a los veinte y pocos por tal de salir
de la sumisión a la que se veía sometida en su casa y con la que nunca
encajó. Con su marido todo era normal. Se les veía un matrimonio feliz.
A los nueve meses escasos nació un niño al que vino a acompañar otro el
año siguiente.
Toda la normalidad habitual de la casa se rompió cuando hace un par
de años un amigo del grupo tuvo serios problemas económicos y solicitó
ayuda al marido. Éste no dudo en ofrecerle su ayuda. Total que se les
instaló en casa. Susana no estaba muy de acuerdo porque antes de casarse
había salido con él. Le daba cierta vergüenza. Pero Juan ( el marido) no
le dio demasiada importancia y lo acogió en su casa.
Desde el principio la cosa era extraña entre Susana y Marcos ( el
ex). Habían tenido una relación muy tumultuosa. Ella se enamoró
locamente de él con apenas dieciséis años. Salieron y él fue el primero
en desvirgarla.
Marcos disfrutaba con el sexo. Así que era habitual que hicieran el
amor. Susana se volvía loca con la polla de Marcos y disfrutaba como
nunca después llegó a disfrutar con su marido. Le gustaba cuando Marcos
se ponía violento y la follaba diciéndole lo puta que era.
Marcos no tenía límite y sus acciones fueron subiendo de tono.
Acciones que iban adentrando a Susana en un mundo nuevo lleno de placer.
Uno de esos días él invitó a sus amigos a su casa con la intención de
que vieran agazapados cómo se tiraba a Susana. Se escondieron detrás del
sofá y desde allí podían seguir con claridad todo lo que pasaba en el
salón. Marcos había recibió a Susana con un fuerte morreo y estrujándole
el pecho de tal manera que Susana pensaba que aquel era el día en el que
estaba más salido.
Susana vestía una falda corta negra y una blusa blanca, zapatos de
tacón y maquillada lo justo. Estaba exuberante como sólo ella podía
ponerse. Iba sin bragas ni sujetador. Marcos gustaba del exhibicionismo
y no la dejaba utilizar ropa interior. Susana se las quitaba en el
portal de su casa para que no se dieran cuenta sus padres de que iba
desnuda debajo de sus ropas. Le gustaba vestir así.
Le provocaba un calentamiento sentarse en el metro e intentar
disimular para que no se dieran cuenta. En ocasiones cuando iba con
Marcos tenía que dejar ver su coñito. Rasurado y expuesto. Marcos solía
sentarla en el vagón delante de jovencitos a los que Susana ponía a
cien. El espectáculo era digno de ver, Marcos sentado a su lado le abría
disimuladamente las piernas y la obligaba permanecer en esa situación
mientras miraba a la cara del chico, que asombrado no podía apartar la
mirada de aquel coño que se le exponía rasurado y humedecido. Los chicos
terminaban empalmadísimos y a buen seguro las pajas de aquel día serían
en su honor.
Cuando Susana iba sola no se atrevía a sentarse, recorría el trayecto
de su casa a la de su novio de pie para prevenir cualquier descuido. Eso
le ponía a cien. Sobre todo cuando subía por la escalera mecánica
pensando en que la persona que le seguía podía ver todas sus
intimidades. Desde luego la visión debía ser de un buen culo y un
chochito al aire. Aquel día en las escaleras le siguieron tres
muchachitos sonrientes que comentaban entre ellos lo guarra que era la
chica. Susana al escuchar aquellas palabras referidas a ella se le
clavaban en el cerebro y aumentaban aún más su líbido.
Hola Marcos Hola preciosa, hoy voy a follarte como nunca Eso espero
Sabes que nunca te decepciono
Marcos la besaba en el cuello mientras le quitaba el jersey y la
falda.
Los que se quedaron boquiabiertos al pensar que su amiga no utilizaba
ropa interior fueron los dos amigos del grupo que estaban agazapados y
que no podían creer las bravuconerías que Marcos les explicaba de su
novia. Pero no lo eran, Susana no parecía una furcia pero aquel concepto
cambió a partir de entonces para ellos.
Marcos mantenía a Susana en medio de la sala completamente desnuda y
ajena al espectáculo que estaba dando. Marcos la cogía por detrás y
mostraba todos los atributos de su novia. Las tetas firmes y jugosas, el
coñito rasurado y la cabeza ladeada de los lametones que le daba su
novio.
|