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Antonio se folló a Susana y luego lo hizo Juan. Ninguno quiso acabar
dentro de ella, se corrieron los dos soltando los líquidos en su culo
para hacerla sentir más puta si cabía. Como premio Marcos volvió a
follarla, la montó y comenzó su interminable mete y saca. Después de
Marcos se la follaron entre todos 2 veces más cada uno. Se la follaron
por el coño, el culo y la boca. Susana tuvo por lo menos 3 orgasmos.
Rebosaba semen por todos los agujeros. Había disfrutado como nunca lo
había hecho. Marcos cogió el dinero y se marcharon dejándola a ella sola
sin poderse mover apenas. Se vistió y se marchó a su casa con el goce
del día conseguido. A partir de entonces no pudo dejar de considerarse
una puta más. Marcos recuperó mucho dinero de las orgías de su novia.
Ella cada vez necesitaba más polla. Hasta que un buen día su actual
marido le ofreció en matrimonio. Él no sabía que ella ya estaba
embarazada, y que el padre no era él. Nada sabía de las folladas de su
puta esposa. A los ocho meses y medio nació un niño al que Susana no
podría enseñarle su padre porque ni ella lo sabía.
El lector entenderá por qué a ella no le hacía gracia que Marcos
volviera a su vida. Su marido no sabía que entregaba la gallina al
zorro. Susana se había olvidado de todo aquello. Para ella fue una época
de la que no se sentía orgullosa pero disfrutó todas y cada una de las
folladas que su novio le preparaba. De hecho Marcos era el primer
interesado en que Susana disfrutara.
Susana tuvo que soportar la entrada de Marcos en su casa. Su marido
no sabía ni intuía nada de las congojas de Susana porque ésta no podía
explicarle las causas. Los primeros días la relación con Marcos fue de
lo más normal. No tuvo más que una ligera sonrisa cuando mostró a Marcos
su habitación. Era una habitación amplia con una cama en el lado derecho
y una mesita de noche.
Marcos se hizo pronto con los niños. Tenía una buena mano con los
niños. Pronto le consideraron su modelo a imitar. Jugaba con ellos a
todo lo que estos le ofrecían convirtiendo la casa en un lugar de risas
y juegos.
Los días fueron pasando. Uno de esos días en que el marido se marchó
al trabajo, Susana fue como todos los días al cambiador. Escogió una
faldita a cuadros que tanto le gustaba y un top. Al buscar su ropa
interior se dio cuenta que simplemente no estaba. Fue a ver si la chacha
las había lavado pero no las encontró. Enseguida pensó en el culpable de
aquella extraña desaparición.
Marcos, tienes algo que decirme- dijo enfurecida Yo no mi amor-Sonrió
él Mira será mejor que entiendas que para mí aquello es historia pasada
y no quiero que vuelva a suceder nada entre nosotros. Soy feliz en mi
matrimonio y no quiero estropearlo. Mira Susana tú, quieras o no, tienes
alma de puta y eso no puede olvidarse. Dime si tu marido te hace gozar
tanto como disfrutaste conmigo Eso no te importa- esquivó Susana- Esta
noche tenemos la fiesta en tu honor y vienen muchos amigos. Como
comprenderás no puedo ir por ahí sin ropa interior. Mira si has perdido
tus bragas tú sabrás en que polla las has dejado, a mí no me mires.
Marcos quiero que aparezcan y pronto.- diciendo esto se volvió y dejó a
Marcos con su sonrisa socarrona
Las bragas no aparecieron y Susana tuvo que ir todo el día sin
bragas, sólo con su faldita a cuadros, disimulando para que sus hijos no
vieran lo puta que era su madre. Los invitados iban llegando y ella como
buena anfitriona que era los acogía a todos con una sonrisa. Pero no
podía dejar de pensar que iba desnuda. Tenía la misma sensación que
cuando joven Marcos la obligaba a ir en el metro sin ropa interior.
Pensaba que los invitados podían darse cuenta de que no llevaba bragas y
eso le hizo subir mucho la temperatura.
Eres un cabrón No me digas que no estas disfrutando
Ella no contestó. No debía reconocer que la situación le gustaba. De
nuevo sentía un extraño picazón en él estomago. Sólo se atrevió a
mirarlo despectivamente.
La fiesta se desarrolló como tenían previsto. Buena comida, bebida de
la mejor y para acabar un buen baile. Marcos la asaltó mientras bailaba
con Carlos. La pieza era un vals. Sus cuerpos tenían que permanecer
juntos, notando el bulto que tantas veces había sido suyo y por el que
se convirtió en una puta.
Toda la situación más los recuerdos de aquellas folladas estaban
consiguiendo humedecerle todo el coñito como hacía mucho que no lo
tenía.
Carlos sabe que voy sin ropa interior- Informó Susana- Eso es culpa
tuya Susana, Carlos y todos los tíos de la fiesta, no pueden dejar de
ver cómo se te mueven las tetas. Conociéndote es fácil saber que tampoco
llevas bragas. ¿No te parece? Eres un cerdo Y tú una puta. Aunque para
ti eso no es nuevo
El vals finalizó. Susana tuvo que salir a tomar el fresco. Carlos y
Marcos la siguieron. Marcos comenzó a hablarle flojito en el oído
Sabes que no puedes resistirte- aprovechaba que estaba cerca de su
oído para susurrarle más que en el oído en el cuello. Le empezó a besar
en el cuello con alguna reticencia que cesó rápidamente.
Déjame Marcos, por favor- suplicó Susana. Piensa en mi marido, él se
portó bien contigo- añadió Y ¿contigo se porta bien? No te has corrido
nunca con el cabrón de tu marido ¿verdad? Bueno a veces tengo que acabar
con consoladores Ves nunca dejarás de ser lo que eres
El ruido de la fiesta y las risas no le recordaba que su marido sólo
estaba detrás de la puerta. No esta vez no cedería. Hizo un intento de
marcharse con no demasiado ímpetu.
Marcos la retuvo mientras le daba un fuerte morreo que la dejó sin
habla. Con los labios fue alisando el cuello mientras con las manos le
subía la falda.
Ves Carlos va sin bragas, ya te lo dije
Carlos se abalanzó sobre ella y le arrancó la blusa dejando libres
las tetas que siempre que quiso habían sido suyas. Bajó sus manos hacia
el coño de aquella hembra. Lo recordaba más mojado. Aunque no pudo
evitar mojarse toda la mano. Susana sólo podía emitir gemidos
controlados. Estaba siendo poseída de nuevo pero temía que su familia
pudiera descubrirla.
No le quedó ningún agujero por ser catado. Marcos la tumbó en el
suelo. Le había subido la falda para que sus glúteos sintieran el frío
suelo. Le abrió las piernas y comenzó a besarle el clítoris. Susana
estaba recordando viejos tiempos. No pudo retenerse y esta vez se corrió
enseguida. Marcos como si no hubiese pasado nada se bajó los pantalones
y se dispuso a entrar en su coño. La polla, creía Susana, que le había
aumentado de tamaño. Casi no le entraba si no hubiera sido porque su
coñito parecía un río. El mete y saca estaba consiguiendo que estuviera
en puertas de otro orgasmo. Carlos le puso su polla en la boca. Susana
sabía cómo tratarlas produciendo un deleite a Carlos que no tardó en
correrse. Los espasmos de leche eran increíbles. Carlos le obligó a
tragarse todo lo que salía. Algunos restos le fueron a parar a la cara.
Susana llegó en ese momento al segundo orgasmo de la noche. |