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LAURA SE CONFIESA 3 De madrugada salimos del hotel después de descansar unas cuantas horas, mi marido y mi cuñada super descansados, mi cuñado y yo, super calientes. Decidimos no hacer ninguna parada en el camino, para llegar a las 10 de la mañana y poder almorzar en la playa, que estaba frente a la casita alquilada. Al llegar a la casita, bajamos de nuestros autos todo el equipaje, la casa era muy confortable, con tres habitaciones, una para cada matrimonio, y otra para los chicos, dos baños, una cocina, un living, un lavadero con lavarropas automático, una mesa para poder planchar, se dividía con una ventana enorme y desde allí se podía apreciar de un lado el jardín y ahí nomás, muy cerca el mar y del otro el interior de la casa. Después de acomodar todo lo necesario para estar confortables, nos fuimos a almorzar a la playa, para la ocasión me puse una bikini blanca y negra, con la parte inferior muy chiquita, un triangulito apenas y la parte de arriba dejaba entrever mis adorables senos, con unas tiritas muy finas que se anudaban en mi nuca, el cabello lo llevaba recogido en una cola de caballo, que me daba un aspecto de colegiala, pero eso si, una colegiala muy sexi y provocadora. En la mirada de mi cuñado se veía el torbellino de deseos que había desencadenado en él mi atuendo, mi marido y cuñada, aprobaban la buena relación que había entre nosotros dos, éramos casi una familia y la familia debe ser unida y solidaria entre los todos los componentes, ni se les ocurría que nosotros habíamos tenido una sección de sexo maravillosa y que seguiríamos teniendo a lo largo de nuestros matrimonios, recuerden que esto pasó al mes de casada y ya llevo diez años unida al mismo hombre, lo quiero mucho, porque mi marido es muy bueno, pero no me da lo que a mi más me gusta, y aunque me lo diera, igual hubiera sido cornudo. Porque soy una mujer insaciable, no me alcanza ni con uno ni dos, he estado hasta con tres hombres diferentes en el mismo día, me gusta probar distintas vergas, me gustan grandes y bien duras, me gustan sus lenguas, cuando me lamen entera, todos los recovecos de mi libidinoso y pecador cuerpo por eso he tenido innumerables amantes, y pienso seguir teniendo muchos más. Luego de almorzar, nos tendimos a tomar sol, muy cerca nuestro había un señor de unos 65 años que no quitaba sus ojos de mi, estaba solo tomando sol, se acercó a mi cuñado y le pidió fuego pues no tenía con que prender el cigarrillo, mi cuñado le dio lumbre y comenzaron a conversar, dió la casualidad que este señor era de nuestra misma ciudad y así comenzamos entre todos a entablar una charla muy animada, el señor se quedó con nosotros todo el día en la playa, quedando en encontrarse con nosotros en la playa cada vez que fuéramos. También nos terminó invitando a cenar una de estas noches a su casa, pues era viudo y estaba solo de vacaciones. El sol apretaba mucho, era demasiado el calor, así que decidí ir al mar a refrescarme un poco, nadé unos veinte minutos, cuando llegué a la orilla, nuestro nuevo amigo que se llamaba Fernando, me abordó y me preguntó: -¿Qué edad tienes Laura?. -25 añitos, dije con un mohín coqueto. -Estarás cansada de oírlo Laura, pero eres hermosa y muy deseable para cualquier hombre. -Gracias, Fernando, sé que gusto y me desean mucho. -Así es, eres una muñequita, tu cuerpo es voluptuoso y a mi me vuelves loco, lástima que estés casada. -Eso no quiere decir nada, Fernando que esté casada… -Laura, tengo 65 años, te llevo cuarenta años, y no te ofendas por favor, pero te deseo mucho, pídeme el dinero que quieras, te lo doy, muero por tenerte en mi cama. ¡¡¡¡Hummmm!!!!, la propuesta era interesante, dándole mi cuerpo y tragándome todo el semen del jefe de mi marido, que tenía 70 años, conseguí muchas cosas, entre ellas el ascenso de mi esposo, el doble de sueldo y que lo mandara de viaje muy seguido, de esa forma me tenía desnuda y dispuesta varias veces al mes, él jefe me cogía, y siempre me hacía algún regalito, como anillos, pulseras, todo de oro, conseguí eso y también muchos orgasmos, con este viejo podría conseguir orgasmos y dinero, que guardaría en mi cuenta bancaria, que era solo mía, nadie sabía de mis ahorros importantes en un banco, como nadie sabía de los innumerables orgasmos que conseguí también. -Fernando, no se que responder a eso – dije en tono inocente. -Déjate llevar Laura, pídeme lo que quieras y lo tendrás yo a cambio solo pido que me dejes gozarte. -¿Dónde se hospeda usted?. -Mi casa se identifica enseguida, está en la loma, a 15 cuadras de tu casa, es la única que hay. -Bueno, si me decido, tocaré su timbre. -Hazlo Laura, juro que no te arrepentirás. Hay dinero y mucho, también te haré gozar. En eso llegó mi cuñado Alberto. -Laura, ven a jugar al mar. Dejé a Fernando en la orilla y me fui con mi cuñado a jugar al mar, chapoteamos en el agua, entramos al mar, y jugábamos con las olas, nos fuimos alejando cada vez más de la orilla, mi cuñado bajo el agua comenzó a tocarme el trasero, lo acariciaba, me puse frente a él, tomé su mano y la llevé a mi conchita, abrí mis piernas y lo dejé que me tocara. -Mastúrbame, quiero correrme con tu dedo. -Eres una perra Laura, pero eres adorable. Y comenzó a jugar con sus dedos en mi vagina, el agua del mar era cómplice de nuestro juego, sus dedos corrían por toda mi vagina, entraban y salían, me estaba calentando mucho, y le pedía que siguiera, su dedo fue a mi clítoris y lo refregaba cada vez más fuerte, mi respiración empezó a agitarse y conseguí correrme, quería más… -Quiero tu verga cuñado, dámela ya, por favor. El mar nos tapaba, me tomó de los brazos, abrí mis piernas y con ellas abracé su cintura, con sus manos corrió mi bikini, su pene duro y erecto entró en mi vagina húmeda y caliente, entraba y salía, yo gozaba como una perra, enrosqué mis brazos en su cuello, parecía para la vista de cualquiera que estábamos jugando con el mar, pero nos estábamos cogiendo mutuamente. Sus embates me estaban haciendo gozar mucho. -Así la quiero, ¡¡¡¡ahhhh!!!!, bien dura dentro mío, me gusta tu verga cuñadito, dámela con todo. Y con todas sus fuerzas me penetró hasta el final. Mi marido, mi cuñada y Fernando, venían sonrientes hasta nosotros, estaban a unos treinta metros. -Vienen hacia nosotros nuestros esposos y este peligro me calienta más, dame verga cuñado, dame mucho, dame tu lechita antes que lleguen aquí. -Toma putita, toma la lechita que te doy. Mientras me corría sentía su semen caliente dentro de mi vagina, ¡qué manera de gozar!, no paraba de darme con sus embestidas, delante de las narices de nuestros esposos y Fernando, eso nos calentaba más a los dos, el agua del mar era la única que compartía el espectacular polvo que nos estábamos echando. ¡Qué bueno era eso!. Cuando ellos llegaron a nuestro lado, el semen de mi cuñado estaba bien adentro de mi vagina, yo aún no estaba satisfecha, tenía ganas de más. -¡Qué linda está el agua!, dijo Marisa. -Si, para quedarse todo el día aquí. Dijo mi marido. Vieron como es el clima del mar, a la media hora se nubló y a la hora ya llovía torrencialmente, acercamos con nuestro auto a Fernando hasta su casa, y luego nos fuimos a la nuestra. Todos se fueron a dormir la siesta, yo estaba muy caliente, le pedí las llaves de la camioneta a mi marido. Estaba muy caliente, demasiado. -Mientras duermes la siesta, me iré hasta el centro comercial, quiero ver vidrieras y que mejor que aprovechar que llueve. -Ve querida, cómprate algo lindo. Subí al auto y me dirigí a la casa de Fernando, como ustedes seguramente ya se habrán dado cuenta. Era un diluvio cuando toqué el timbre de la casa de Fernando. Su sonrisa fue enorme cuando al abrir la puerta me vió parada, casi empapada por la lluvia. -Laura, ¡qué placer me estás dando!. -Déjame por favor guardar el auto en el garage, no me gustaría que alguien vea el auto aquí estacionado. Cuando cerró las puertas del garage, abrió la puerta del auto y me ayudó a bajar, me tomó de los hombros y me abrazó muy fuerte contra su cuerpo, su lengua entró en mi boca abierta que lo estaba esperando, nos besamos, sus besos eran dulces y tiernos, su lengua se encontró con la mía y comenzaron a jugar entre ellas, se rozaban, sus manos comenzaron a acariciar mi cuerpo débil ante sus caricias. -Pasa Laura, vamos al living a tomar algo. Mientras servía unas copas, no quitaba sus ojos de mi cuerpo. -Laura desnúdate para mí, quiero contemplar ese cuerpo maravilloso que tienes. Poco a poco fui quitando mis pocas prendas, lentamente, mientras lo miraba a los ojos, quité mi vestido, y quedé con mi tanguita, no llevaba soutien. -Laura, te deseo, me tienes loquito de calentura. Se acercó a mi, puso la copa de champagne en mis manos y acarició mis senos suavemente, poco a poco sus manos empezaron a recorrer mi piel, solo me acariciaba y contemplaba como mi cuerpo iba reaccionando a esas caricias, luego su lengua en punta empezó a recorrerme, empezó en mi frente, y fue bajando despacio a mis ojos, mis mejillas, luego a mi cuello, mis brazos, primero uno, luego otro, solo era lengua, sus manos no me tocaban, me lamía lentamente, me saboreaba cada parte que lamía, así fue con su lengua hasta la punta de mis pies, pasó su lengua por cada uno de mis dedos, luego fue subiendo pausadamente, por momentos se detenía por varios segundos lamiendo mis rodillas, mis muslos, primero lo hacía con la punta de la lengua, luego con la lengua toda. -Laura, Laura, eres un manjar apetitoso y te voy a degustar como tal. Se desnudó completamente, se sentó en el sofá y me acomodó entre sus piernas, yo estaba parada desnuda ante él. -Te pasaré mi lengua, quiero que me digas qué sientes, qué te gusta y cómo gozas. La punta de su lengua se metió en mi ombligo, y comenzó a moverla. -¡¡Ahh!!!, me gusta, mmmmm. Su lengua recorrió mis caderas, bajaba, subía…, mansamente fue bajando hasta mi conchita totalmente depilada, estaba muy húmeda, y comenzó a besar mis labios vaginales, con su lengua experta fue abriendo mi vagina, levanté una pierna y la puse sobre su hombro, abrió su boca y mi sexo entero quedó dentro suyo, esa lengua maravillosa, recorría palmo a palmo mi vagina, hasta ese momento había ignorado mi clítoris, solo besaba los labios internos y los costados, yo me iba moviendo acompasadamente, llevaba el mismo ritmo que él. -Fernando, eres un maestro, me estás volviendo loca con tu lengua, dame mucha lengua, no pares, sigue…, sigue…¡ahhhh, uhhhh, qué rico!. Y por fin su lengua llegó a mi clítoris que lo esperaba con ansias desmesuradas, mientras con sus manos frotaba mis pezones sin piedad, su lengua lujuriosa comenzó a moverse con violencia en mi clítoris, después amainó, despacito me lamía, me chupaba, y yo pedía a gritos que siguiera, y siguió sin compasión, hasta hacerme correr dos veces seguidas, lo obligué a que se chupara todos mis jugos, lo cual hizo con placer, lo bebió como lo haría un sediento que está en un desierto y después de muchas horas de sed encuentra un oasis. Si amigos, fue así tal cual se los cuento, sin exagerar en lo más mínimo. Luego en la misma posición parada entre sus piernas y él sentado, me puso de espaldas y comenzó con el mismo recorrido de su lengua, desde mi nuca, hasta mi ano, con sus manos abrió mis nalgas y me metió esa lengua que me ponía cada vez más puta y deseosa, a introducirla en mi culito, lo dilataba con un dedito primero, un dedito y lengua, dos deditos y más lengua, lo dilató de tal manera que sin mucho esfuerzo me penetró hasta el fondo, me daba verga por atrás y yo le pedía más, y más… Me daba y daba, mis orgasmos eran continuos. -Quiero esa verga en mi boca, muero por chupartela, ponle a esta puta tu verga en la boca, ¡¡¡¡ahhh!!! La sacó de mi ano y me puso toda su verga dura en mi boca de puta, quería mamarla con todo mi ser y mis ganas, y eso hizo el viejo, me la puso en la boca, y se la mamé hasta dejarlo sin una gota de lechita, me la tragué toda, la degusté y luego lamí los restos de semen que quedaban en su miembro. -Laura, eres toda una hembra en el sexo, muy puta, tal como te imaginé. -Me gustan las vergas y las lenguas y tú sabes usar la lengua como pocos. -Es mi mayor virtud, jaja, en hembras como tú es un placer inmenso saborearlas. El champagne está tibio, beberemos uno más fresco, ven mujer. Y me llevó abrazada a un pequeño bar que tenía en el living, bebimos champagne, mientras lo hacíamos no paró de tocar todo mi cuerpo, me besaba dulcemente a cada segundo y seguía dándome lengua por todo mi cuerpo, me dio tanta lengua que yo no paraba de tener orgasmos. Después de dos horas de estar continuamente besándome y chupándome, le tomé el pene entre mis manos y comencé a masturbarlo hasta conseguir la erección apropiada, sentado sobre el sofá lo monté, me senté sobre él con su pene duro dentro de mi vagina, ahora la que se lo cogía era yo, no solo lo cogía también lo chupaba todo, su cuello, sus brazos, le pasé mi lengua mientras lo cogía y lo hacía gemir y pedirme que no parara, cuando ya venía su orgasmo, salí de adentro de él y me llevé su preciosa verga a mi boca, lo mamé hasta que todo su semen quedó atrapado entre mis labios, y poco a poco lo fui tragando, dándome una satisfacción sin igual. Luego nos duchamos juntos ya casi exhaustos de tanto placer. Cuando me despidió, con la promesa de volver a vernos me entregó un sobre amarillo, que abrí una vez que ya me había alejado de la casa, me encontré con varios billetes de 100 dólares, que escondí en mis bragas, con eso iba a hacerle un regalito a mi marido, mi cuñado, cuñada y los chicos, y así y todo me sobraba plata. Este viejito aparte de tener una lengua espectacular, era muy generoso, hummmm, debía continuar con él, no solo me daba placer, también me daba dinero. CONTINUARÁ… |
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