Ahí mientras le introducía un dedo en su ardiente vagina me confeso que en esa habitación, sobre esa misma cama, hacia 2 años había perdido su virginidad. Yo no podía creer lo que escuchaba, mientras una mezcal de excitación e incertidumbre invadía mi mente. No entendía el porque; mi hasta ahora decente novia me confesaba en ese momento todo aquello. Yo por supuesto moría de ganas por saber más. Metí el segundo dedo mientras cariñosamente le preguntaba a mí chica como se lo habían hecho.