Esa calida noche de verano pude hacer realidad todas mis fantasías, al lado de la mujer que mas he amado en la vida, la comencé a desnudar despacio, sin prisas, primero su blusa ligera y blanca con pocos botones, su sostén de encajes con gancho al frente, su short de mezclilla corto y su panty de encajes blanco empapado de enfrente. Ella excitada me abrió sus piernas y yo me comí con cuidado su cremosa panocha, mientras se revolcaba en la cama de placer y gusto. Ella acariciaba mi nuca mientras me decía que nadie mamaba como yo, que era el único hombre que sabia tratar con delicadeza esa parte tan sensible de su cuerpo. Yo extasiado por sus palabras me bebía sus abundantes jugos que salían de su vagina, tan espesos y calientes como yo los recordaba.