Después de 4 años de no verla y sin poder olvidarla, nuestros caminos se atravesaron sin proponerlo ninguno de los dos. Fue un encuentro accidental sin muchas palabras, un largo abrazo y una charla casual en donde terminamos descubriendo la emoción de compartir situaciones ya olvidadas. Con los días, algunas llamadas, una invitación a comer, algún café, una ida al cine en donde el titulo de la película no importaba. Ella con 24 años por cumplir, Yo con el ímpetu de las 25 primaveras, Ella más hermosa y madura que nunca; sin los miedos y tabú de su juventud temprana. Permitiéndome libertades nunca imaginadas. Con su cabellera negra brillante y su cuerpo fuerte, joven, suave, sus pechos desafiantes, sus piernas exquisitas y su lengua inquieta buscando la mía, no es muy difícil imaginar. Terminamos en un motel después de ir al cine a ver algo sin importancia.